Y seré lo que pienso…

Hipnosis Clínica

No hay una variable más influyente y determinante en el ciclo de nuestras vidas, que la propia expectativa que tenemos acerca de nuestro futuro.

Probablemente esta afirmación resuene estridente en este preciso capítulo espacio-temporal, donde los factores socio-económicos y macro-económicos ejercen su dominancia en el pensamiento colectivo, configurándonos como individuos amparados por el concepto hedonista de Sociedad de Bienestar, ahora forzosamente revisado por mor del simple sostenimiento económico.
Dentro de este paradigma, los derechos adquieren una proporción desmesurada en relación a las obligaciones inherentes como ciudadanos, extendida la ilusión colectiva, muy interiorizada en nuestra sociedad, de que la responsabilidad individual es mínima respecto a nuestros propios designios, en relación a la que el estado, la administración, la sociedad, la economía, la política, la educación, la familia… los demás, tienen sobre nuestro desarrollo futuro.

En dicha construcción idiosincrática colectiva, forma parte fundamental la idea de que nuestra vida está absolutamente condicionada por los factores y circunstancias externas, (nivel socio-económico, raza, género, etc.) o de naturaleza genética, ahora de moda, otorgando poco protagonismo a esos factores internos que modelan la personalidad, ( creencias, expectativas, motivación, actitud, estilo de pensamiento…) inhibiendo nuestra propia responsabilidad e instalándonos en la falsa comodidad de un estatismo existencial que culpa a los agentes externos de nuestras desdichas, auto-consolándonos en justificaciones pretéritas que respondan a nuestras propias frustraciones, en lugar de asumir que la vida está en nuestras manos, que gran parte de lo que nos ocurre está en nuestra propia manera de entendernos y pensarnos.

Es incuestionable que los factores ambientales y genéticos nos influyen a lo largo del desarrollo de nuestro ciclo vital en mayor o menor medida y están íntimamente imbricados con la expectativa sobre nuestro futuro, pero no podemos obviar la capacidad potencial que poseemos de generar nuevas perspectivas vitales, de transformar nuestra conducta y por lo tanto de conducirnos exitosamente incluso en ambientes poco propicios.

Una variable determinante en dicha expectativa son las creencias, o lo que es lo mismo, esquemas de interpretación o generalizaciones sobre nosotros mismos, los demás o la realidad que nos circunda, éstas se construyen en nuestro cerebro bien sea por lluvia fina o acumulación de vivencias asociadas, transmitidas a través de nuestra experiencia o de los demás como en el caso de nuestros padres ( “siempre serás un torpe”, “No podré dejar de fumar”…) o por impacto, una sola vivencia más o menos traumática nos conduce a conclusiones indiscutibles ( “voy a estar siempre sólo, me ha abandonado mi pareja”…).
Nuestras creencias y expectativas modelan, dirigen, canalizan nuestra acción, nos definen como personas, nos tamizan la realidad, (un día a Picasso paseando por la calle le preguntaron: “¿Por qué usted no pinta lo que se ve?” a lo que el pintor respondió: “Yo pinto lo que yo veo, que seguramente es distinto a lo que usted puede ver”), aquello que creemos determina la manera en que vamos a afrontar los sucesos de la vida y como nos afectan,
En un experimento llevado a cabo por el psicólogo cognitivo de la Universidad de Bordeaux, Frederic Brochet,(1) éste invitó a 54 expertos en vinos a ofrecer sus impresiones acerca de un vino blanco y de otro rojo, durante la cata, éstos describieron los vinos con palabras del tipo: “el vino rojo tiene consistencia melosa o está lleno de fruta roja machacada”; o: “ el vino blanco sabe a limón, melocotón y miel etc”. Al día siguiente los volvió a invitar a otra cata, pero esta vez tiñó el vino blanco con colorante rojo para que creyeran que probaban dos vinos rojos, el resultado fue que describieron el vino “trucado” con atribuciones de vino rojo, interpretando sus sensaciones en función de la creencia y expectativa generada.

Y es que nuestro sistema de creencias es tan poderoso que moldea la realidad, A Henry Ford se le atribuye la frase “Tanto si piensas que puedes, como si piensas que no puedes, tienes razón”.
En otro estudio más reciente de D.P. Philips y col, (2) al analizar por qué los chinos estadounidenses morían antes que los de raza blanca, concluyeron que las creencias negativas basadas en sus complejas tradiciones influían poderosamente no sólo en la calidad de su salud sino que les acortaba la esperanza de vida en unos 5 años.

La Psicología Cognitiva y más recientemente la corriente denominada Psicología Positiva basan gran parte de sus principios en el manejo y optimización de los esquemas mentales de los individuos así como de sus propias expectativas, para un mejoramiento de la calidad de sus vidas Esta es una idea que está recalando fuertemente en nuestra sociedad, quizás fruto del agotamiento de vivir en sociedades excesivamente materializadas o simplemente que nuestra mirada intuitivamente se dirige cada vez más a nuestra propia mente; a esto contribuyen programas de divulgación televisiva, best sellers en formato libros de autoayuda o la creciente demanda social a nivel mundial respecto a las ciencias “psi”, los medios de comunicación por otro lado convierten este asunto en una tendencia de marketing muy atractiva que puede servir para envolver cualquier producto vendible.

Como profesionales de la psicología, somos conscientes de los riesgos que conllevan estas modas que frivolizan en demasía cuestiones que merecen un trato mucho más cauto, por ejemplo cuando las expectativas no se ajustan a una realidad y potencialidades individuales presentes y tienden a ser mágicas, se puede producir frustración en la persona, por otro lado este “tsunami” de positivismo a ultranza, puede dejar sesgos e ideas excesivamente simplistas respecto a las mal llamadas “emociones negativas”, porque pareciera que éstas no tuvieran derecho y lugar en nuestro cuerpo emocional y sólo las denominadas emociones “positivas” debieran ocupar dicho espacio para ser felices. Si bien es cierto y comprobable que las expectativas negativas empeoran nuestro bienestar y calidad de vida, sin embargo no es una buena estrategia “rechazarlas”, detrás de estas expectativas negativas, hay una serie de creencias y emociones, que nos están indicando aspectos fundamentales de nuestra personalidad, nos están invitando al cambio, a la superación, a ejercitar el músculo de la voluntad, la fe y la confianza en que a pesar de nuestros miedos y malos augurios, vamos a modificar y mejorar nuestra percepción sobre nuestro futuro o presente continuo.
Siendo la hipnosis clínica directa un útil imprescindible en la “caja de herramientas” de un psicólogo, es en este punto y dimensión donde, desde mi modesta experiencia, la hipnosis se muestra especialmente eficiente, ya que la inmensa mayoría de los trastornos psicológicos, tienen como común denominador un deterioro o distorsión de la autoestima, el autoconcepto, la confianza, el autocontrol y la expectativa en suma que el paciente percibe sobre el desarrollo de su propia vida.
El trabajo que se realiza en la hipnoterapia clínica incide directamente sobre el inconsciente, a través de los sentimientos y pensamientos que en estas instancias se producen y que transforman la cognición y la conducta de la persona, instándole a visualizar su yo ideal, optimizando y elevando su auto-valoración personal, activando sus energías volitivas, potenciando su autocontrol, cambiando sus percepciones subjetivas o sustituyendo sus cogniciones negativas por positivas, entre otras múltiples acciones.
Para acabar quisiera resaltar que en mi experiencia personal y en la práctica diaria como psicólogo que trabajar con hipnosis clínica directa, es una experiencia sumamente enriquecedora, tanto en el proceso como en los resultados se fortalece y constata la evidencia de que los seres humanos albergamos potencialidades las más de las veces insospechadas, que pasan desapercibidas como semillas dormidas y que sólo la sed y consciencia de cambio nos provoca su activación, vivificando nuestra vida, cambiando nuestras propias perspectivas personales, produciendo el “milagro” del cambio desde la confianza, desde la fe en el logro y el acercamiento entre esos dos vectores siempre en conflicto, que son: “lo que soy” y “lo que quiero ser”, produciéndose al final la maravillosa transformación que los propios pacientes se encargan en poner de manifiesto.

 

Joan Luz Joan Luz (69 Posts)

Presidente de la Sociedad Internacional de Hipnosis Clínica SIHC y director de la Escuela Oficial de Hipnosis EOH. Doctorado y profesor titular de Universidad. Autor de infinidad de artículos de divulgación científica y de 28 libros sobre Hipnosis y Psicología. Miembro de Honor Institute of Professional Psychologist.


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